EL CARGO DE ENTRENADOR EN LOS EQUIPOS OLIMPIA Y MOTAGUA, DESPUÉS DEL DE LA SELECCIÓN NACIONAL SON LOS QUE MAYOR PRESIÓN TIENEN. EN ESTOS CASOS, LA AFICIÓN SÓLO EXIGE TRIUNFOS.
Uno de los cargos más complicados en el fútbol es, sin temor a equivocarnos, el de entrenador. Sacrifican su vida familiar para dedicarse por completo a su trabajo, algunas veces muy bien remunerado y otras no, pero esa obsesión termina traicionándolos y les provoca un estado de ánimo difícil de solucionar.
El fútbol hondureño no se escapa de esto. Principalmente para tres puestos. Olimpia, Motagua y la selección nacional, en su orden son banquillos que queman como un clavo ardiendo. En los dos primeros casos, manejar la presión del día a día a que se someten requiere de una estabilidad emocional que sólo se consigue con un conocimiento profundo de la sociedad en que vivimos y si no saben lidiar con este problema terminarán adoptando posiciones como la última hecha por ambos clubes de casi cerrar las puertas a la prensa, como si ellos (periodistas) son los culpables por el mal fútbol, por la desconcentración o por fallar un penal.
Esta presión extra a la que son sometidos los entrenadores termina por convertirlos en personas con mal carácter y muchos hasta se vuelven malcriados o soberbios, ganándose la antipatía de la afición que un día los idolatró como jugadores.
En el actual torneo Clausura, la presión es para los 10 entrenadores de la Liga que luchan, unos contra la corriente, por clasificar a la liguilla, pero los que más han dado de qué hablar son Nahún Espinoza del Olimpia y Ramón Maradiaga del Motagua. El técnico merengue regresó al banquillo después de ganar un tricampeonato, pero esta vez las cosas no le han sido nada fáciles. Ha perdido puntos importantes, el equipo se vuelve apático en el campo y para rematar, sus principales figuras atraviesan por un mal momento. En resumen, el equipo no pinta para campeón, como es la exigencia en cada torneo de su afición.
Mientras que en el nido del águila, el equipo atraviesa por muchos altibajos y todavía no demuestra esa grandeza que tienen los campeones. La amenaza de una posible salida de “Primitivo” al extranjero, pone en peligro el proyecto deportivo que espera concluya en el primer semestre del 2007 con el bicampeonato.
Dentro de muy poco tiempo el turno le llegará al entrenador de la selección nacional, el colombiano Reinaldo Rueda, quién tendrá la presión de la prensa, igual como sucede en todos los países del mundo, pero la hondureña es mucho más exigente porque llevamos un cuarto de siglo esperando la ansiada clasificación a otro mundial. Tendrá que armarse de paciencia y sobre todo trabajar y llenar las expectativas por las que llegó al país. Que esa presión extra que tienen los entrenadores se la contagie a los próximos rivales.