Edición 400 16-31 Enero del 2012

 
 
EL QUE NO PUEDE CORRER…
  EN LA MIRA DEPORTIVA

Por Don Periscopio

Tremendo revuelo causó en las lides futboleras el eventual fichaje del delantero Carlo Costly por el club Olimpia, quien con tremenda oferta económica buscaba ponerle la guinda al pastel de la celebración del centenario albo, contando para ello con un fichaje de relumbrón, de esos que dejan satisfechos a cualquier parcial de la causa merengue.
El propio presidente de la institución, José Rafael Ferrari, manejó las negociaciones con Costly, quien tratándose de una margarita, deshojó la oferta un día que si, otro día que no… Esa actitud colmó la paciencia del mandamás merengue, quien le dio una fecha terminal para aceptar o no la oferta blanca, tiempo que fue cumplido a rajatabla, cerrándose el delantero la vitrina más importante de nuestro fútbol.
En paralelo, Costly se dejó ver por los dominios del Real España sampedrano, equipo con el descolló su señor padre, Allan Anthony Costly, el “Cochero”, defensor de los de verdad, pieza fundamental en la selección de Chelato Uclés en el 82 junto a Jaime Villegas. Los aurinegros, viendo esa conexión umbilical, tentaron al delantero, pero lo sentimental no pudo imponerse a lo material. Incluso, ni la amistad de Carlos Plummer Pavón sirvió para persuadir al delantero, quien quiso utilizar ese movimiento para presionar a los equipos locales que buscaban afanosamente su fichaje.
Lo cierto es que Costly nunca estuvo convencido de volver a Honduras y siempre buscó una oferta del extranjero, más aún después de haber sido dado de baja por el Atlas, quien le dio sus papeles para que se buscara la vida por otras canchas tras un paso infructuoso por México, y luego de no haber resultado el préstamo con el Houston Dynamo de la MLS estadounidense. Esa decisión del club tapatío dio en el ego al delantero, quien tras la penosa situación de no haber asistido al mundial de Sudáfrica por una desafortunada lesión, ha probado de una y mil maneras que lo suyo era triunfar en el extranjero.
Sin embargo, la oportunidad de enrolarse en Olimpia, el mejor escaparate del fútbol local, le caía de perlas al ariete, devaluado por su mala experiencia europea y mexicana. Con el colmillo con el que Ferrari ha manejado las ventas y transferencias al extranjero, seguramente que el “Cocherito” hubiese permanecido apenas 6 meses en nuestro país para migrar en el siguiente ciclo a otras lides. Pero no.
Costly se obstinó en forzar la situación y ahora los pocos destinos posibles se han ido cerrando de a poco. No hay duda que su personalidad ha sido un factor decisivo para que las estadías en el extranjero no se hayan prolongado como él hubiese querido. Pero, realidades son realidades. A día de hoy, son contados con las manos de los dedos de una mano, y sobran, los jugadores hondureños con verdadera capacidad y mentalidad para destacar en el extranjero. En ese selecto grupo no se encuentra el delantero.
Por lo tanto, nada de malo hubiese representado para su carrera el haber regresado a la tierra que por muy poco tiempo disfruto de su calidad, de ese regate-finta mejor conocido como la ‘Costlinha’, de esos golazos que marcó en la eliminatoria pasada como el misil a Canadá en el Olímpico.
A estas alturas del partido, Costly, así como muchos otros tantos jugadores catrachos que anhelan una oportunidad fuera y que la buscan con más argumentos que pancartas en las gradas, deberían meditar que aquí la cosa no está tan mal. Afuera se puede ganar todo el oro y el moro, si, pero a veces aguantando la soledad de la grada o la frialdad del banquillo. Así no vale la pena…

 

 
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