Se está volviendo una obsesión en Honduras el ganarle a México como la gran meta a conseguir para ir a un mundial y creo que este objetivo debe balancearse para evitar que se vuelva una especie de obstinación festinada sin necesidad. México es un país muy por encima de nuestras posibilidades, igual que Estados Unidos, en todas las materias.
Nuestro nivel futbolístico está en Centroamérica y el Caribe que es nuestro verdadero patio, por lo tanto dimensionarnos de una manera obcecada es asumir una postura enfermiza que se sale de lo deportivo y especialmente contra un país que nos ha demostrado una eterna deferencia como es la nación mexicana.
México ha sido el tradicional gigante de la CONCACAF, con una liga competitiva a nivel mundial, ocupando uno de los cinco primeros lugares en el ranking de la FIFA. México nunca nos impuso miedo ni buscó someternos por la desigualdad, a pesar de que tiene un grueso de más de dos millones de futbolistas activos producto de unos dos mil equipos federados y amateurs en las distintas categorías.
De esa suma impresionante de jugadores activos los mexicanos no han podido integrar selecciones con jugadores desarrollados físicamente, su desgracia es que sus fuerzas básicas en los últimos años se han nutrido de pequeños atletas, provistos de una velocidad y buen manejo de balón, pero disminuidos de estatura y de fortaleza física.
Por esa desventaja los norteamericanos les han tomado la medida y los equipos centroamericanos con jugadores negros de buena estatura y excelente constitución física se han acercado de tú a tú a los equipos aztecas. Sin embargo, eso no significa que México está por debajo de nosotros, que no es cierto.
México tiene mejor disposición técnica y táctica que todos los demás países del circuito y en la medida que vaya recuperando jugadores con cuerpo y estatura, lo tendremos de vuelta como en los viejos tiempos de Rubalcaba, Héctor Hernández, Jáuregui, Nacho, Felipe Calderón y Chava Reyes, etc.…
Los dirigentes del fútbol mexicano se han dado cuenta de esta ventaja y saben que es urgente superar a sus actuales “ratoncitos verdes” porque con ellos no pueden medirse a los altos jugadores gringos ni a nuestros espigados y fuertes morenos. Hay que tratar a México como un gran rival, al que se le puede ganar con maña y astucia, pero no hay que creer que con nuestra modesta liga hemos crecido tanto como para pasarle por encima. Ojo con esto, porque primero tenemos que ganarle a los que están a nuestro alcance, a Costa Rica, Trinidad y Tobago y El Salvador.
Estados Unidos está por encima con su MLS y México ya no será el mismo rival en la hexagonal. No nos pongamos los moños con un triunfalismo fuera de la realidad porque así no llegaremos muy lejos. José Rafael Ferrari, sin duda un dirigente que sí es conocedor del fútbol, es quien menos debe subirse al barco del triunfalismo porque este puede hacer aguas en la primera jornada de navegación si pensamos que ya estamos en Sudáfrica después de haber vencido apuradamente a México. Y especialmente, nunca más tratemos en forma denigrante el himno mexicano, porque basta recordar que durante el Mitch fueron las primeras notas que entonamos cuando ese hermoso país fue el primero en decir presente en las tareas de reconstrucción. Como México no hay dos, y lo decimos en tono afectuoso y lleno de gratitud. México siempre nos ha demostrado ser un buen hermano. Lo del fútbol, es secundario, porque en esta materia como decía el barón de Coubertain: Más que ganar lo más importante es aprender a competir.